Es muy común en estas fechas ir andando por cualquiera de esos lugares, donde podemos toparnos con un árbol y encontrar decenas de hojas que cubre el suelo. Es algo sin importancia, lo llevamos viendo toda nuestra vida, no tiene sentido que dudemos al pisar con fuerzas dichas hojas o que nos apartemos de su camino. Curioso que meses antes, fueran esas mismas, las que desde lo más alto, nos miraban y se agolparan en grandes formaciones, dándonos cobijo. Esto es algo demasiado obvio, ya más de uno pensará que me ha dado por comentar las más mundanas situaciones y podría ser así, pero no... Lo aquí descrito no solo se aplica a unas cuantas hojas, pues esto sucede en la vida, en nuestras vidas. Cuantas veces hemos mirado hacia arriba para poder contentar lo impresionante y espectacular, que podía parecer una persona y asombrarnos de todo lo que la rodeaba. Y son las misma veces, cuando el giro tan particular de la vida lo hacen caer. Que sin dudarlo, eliminamos nuestros anteriores sentimientos y pisamos con la más absoluta indiferencia todo su ser, da igual todos los pensamientos que nos sucedan, nunca nos agacharemos a recogerla. Curioso es, que esto también lo asimilemos con la misma facilidad, que demostramos a las hojas. Diré que en el mejor de los casos o mejor dicho, si tienes suerte, puedes acabar entre las hojas de un libro.
Yo si tengo a todas mis pequeñas hojitas guardadas en un libro...=)
ResponderEliminar